23 sept. 2014

Capítulo 19



Voldemort, lentamente, había penetrado en ciertos círculos sociales de Inglaterra y su nombre ya se conocía, atado a una fuerte reputación y a un gran halo de misterio. Contaba con poder, reputación y un gran número de seguidores que acataban sus órdenes sin quejas y no cuestionaban su palabra.

Muchos querían salir a la luz, actuar de frente, pero Voldemort los frenaba. Aún no era el momento preciso, todavía quedaban cabos sueltos, cosas por arreglar y detalles que retocar, si no lo hacían bien todo lo que había construido se desmoronaría fácilmente y recuperar los años de esfuerzos y discursos sería una tarea ardua. Estaba seguro que llegado el momento podría atacar con certeza y precisión, sorprendiendo a su enemigo y derrumbándolo desde sus cimientos.

Una de esas bases fundamentales era Hogwarts, el castillo resultaba un bastión de esperanza y fortaleza para los que se oponían a su plan de exterminio y regulación.

Por eso Voldemort había concretado una cita con Albus Dumbledore, flamante director de la institución.

Se reunió en la mugrosa pero oportuna taberna "Cabeza de puerco" con sus más fieles seguidores y esperó hasta que cayera la noche. Con tanto a su favor, no entendía porque sentía unos nervios insipientes que aumentaron al entrar en la circular oficina del director de Hogwarts.

-Adelante -Dumbledore levantó la vista de sus papeles y no pareció inmutarse ante el aspecto de su antiguo alumno, quien ya no era el atractivo Tom Riddle. Ahora era como si sus facciones hubieran sido quemadas y borradas; parecían de cera y desfiguradas, y los ojos tenían una permanente mirada sangrienta.

-Buenas noches, Tom ¿Te sentarás?

-Gracias -dijo Voldemort, y tomó el asiento que Dumbledore le había indicado-. Escuché que se había convertido en el director, una loable elección.

-Estoy contento de que lo apruebes -comentó Dumbledore, sonriendo-. ¿Puedo ofrecerte una bebida?

-Si, he recorrido un largo camino.

Dumbledore se puso de pie y se dirigió a un estante que estaba lleno de botellas. Habiendo entregado una copa de vino a Voldemort y servido una para él, regresó al asiento detrás del escritorio.

-Así que, Tom... ¿A que debo el placer?

Voldemort no contestó de inmediato, dio un pequeño sorbo a su vino.

-Ya no me llaman Tom, ahora soy conocido como...

-Se como te llaman -dijo Dumbledore, sonriendo.- Pero para mi, me temo que siempre serás Tom Riddle. Es una de las cosas que molestan de los viejos maestros, creo que nunca olvidan los comienzos de sus alumnos.

Alzó su copa como brindando por Voldemort, cuya expresión no cambió, aunque por dentro estaba molesto por el hecho de que Dumbledore no quisiera llamarlo por su nuevo nombre.

Era rehusarse a permitir que él escogiera los términos de la reunión.

-Me sorprende que haya permanecido aquí por tanto tiempo –comentó Voldemort después de una pequeña pausa-. Siempre me pregunté por qué un mago como usted nunca quiso abandonar la escuela.

-Bueno -respondió Dumbledore, aun sonriendo-. Para un mago como yo, no puede haber nada más importante que la enseñanza de viejas habilidades, ayudar a afilar las mentes jóvenes. Si recuerdo bien, alguna vez estuviste atraído por enseñar también.

-Aun me interesa. Me preguntaba por que usted... a quien le ha pedido consejo el ministerio tan seguido, y a quien le han ofrecido dos veces el puesto de Ministro, creo...

-Tres veces en la última cuenta, de hecho, pero el Ministerio nunca me atrajo como carrera. De nuevo, algo que tenemos en común, supongo.

Voldemort inclino la cabeza, sin sonreír, y tomó otro sorbo de vino. Dumbledore no rompió el silencio entre ellos, esperó, cortésmente, a que Voldemort hablara primero.

-He regresado -dijo, después de un momento-. Más tarde lo que el profesor Dippet esperaba, pero he regresado a solicitar que me permita volver a este castillo, a enseñar. Creo que debe saber todo lo que he visto y hecho desde que dejé este lugar. Puedo mostrarles a sus estudiantes cosas que no podrían obtener de ningún otro mago.

Dumbledore pensó un poco acerca de Voldemort mirando su propia copa por un tiempo antes de hablar.

-Si, se bien lo que has hecho y visto desde que nos dejaste. Rumores de tus obras han alcanzado tu vieja escuela, Tom. Me daría pena creer la mitad de ellos.

La expresión de Voldemort no cambió mientras dijo:

-La grandeza inspira envidia, la envidia engendra rencor, el rencor produce mentiras. Usted debe saber eso, Dumbledore.

-¿Llamas grandeza lo que has estado haciendo? -preguntó Dumbledore, delicadamente.

-En efecto -afirmó Voldemort, y sus ojos parecían de un rojo ardiente. He experimentado, he forzado los límites de la magia mas allá de lo que han sido forzados.

-De algunos tipos de magia -lo corrigió Dumbledore-. De algunos. De otros, tu permaneces, discúlpame... desastrosamente ignorante.

Voldemort sonrió por primera vez. Tenía una mirada maliciosa, que parecía más una mirada de furia.

-El viejo argumento, pero nada de lo que he visto en el mundo ha respaldado sus ideas de que el amor es más poderoso que mi magia, Dumbledore.

-Quizá has estado buscando en los lugares equivocados.

-Bien, entonces, ¿qué mejor lugar para comenzar mi nueva búsqueda que aquí, en Hogwarts? ¿Dejará que regrese? ¿Me dejará compartir mis conocimientos con sus estudiantes? Pongo mi persona a su servicio. Estoy a sus órdenes.

Dumbledore levanto las cejas.

-¿Y que seria de aquellos a los que tu ordenas? ¿Que pasará con aquellos que se llaman a si mismos, o así dice el rumor, los Mortifagos?

-Mis amigos -dijo, después de una pausa-. Seguirán conmigo, estoy seguro –estaba cada vez más furioso y que Dumbledore supiera tanto a cerca de sus seguidores fue la gota que faltaba.

-Me agrada saber que los consideras amigos. Tenía la impresión de que eran más tus sirvientes.

-Está equivocado.

-Entonces, si yo fuera a Cabeza de puerco esta noche, no encontraría un grupo de ellos, Nott, Rosier, Muldber, Dolohov ¿esperando tu regreso? Fieles estos amigos en realidad, para viajar tan lejos contigo en una noche nevada, solo para desearte suerte mientras intentas conseguir un puesto de maestro.

-Sabe de todo, como siempre, Dumbledore –comentó Voldemort con el rostro tieso.

-Oh, no, es que ser amigo del cantinero local tiene sus beneficios. Bien, Tom... -Dumbledore hizo a un lado su copa vacía, se reclino en el sillón, juntando la punta de sus dedos-. Hablemos francamente. ¿Por que has venido aquí esta noche, rodeado de secuaces, a pedir un trabajo que ambos sabemos no deseas?

- ¿Un trabajo que no deseo? Al Contrario lo deseo mucho.

-Oh, quieres volver a Hogwarts, pero no quiere enseñar nada más de lo que querías enseñar cuando tenías 18. ¿Que es lo que buscas, Tom? ¿Por qué no tratar una solicitud directa por una vez?

–Si no quiere darme el trabajo... –empezó, mirándolo con desprecio.

-Por supuesto que no, y no creo que por un momento hayas pensado que lo haría. Aun así, viniste aquí, preguntaste, debiste tener un propósito.

Voldemort se puso de pie. Dejó de parecerse a Tom Riddle más que nunca, incluso sus facciones se movían de rabia.

-¿Esta es su ultima palabra?

-Lo es -dijo Dumbledore, también levantándose.

-Entonces no tenemos nada más que decirnos.

-No, Nada -admitió Dumbledore y una gran tristeza invadió su rostro-. Ha pasado mucho tiempo desde que podía atemorizarte con un ropero en llamas y forzarte a reparar tus crímenes. Pero desearía poder, Tom... desearía poder...

Voldemort dio media vuelta y se marchó cerrando de un portazo.

Las ganas de destruir algo, inmediatamente, las descargó contra una antigua gárgola del tercer piso. Por algún motivo sus pies lo guiaban desconectados de su cabeza, que iba a mil por hora variando de pensamientos asesinos a un plan de venganza contra aquel viejo barbudo.

A dónde iba lo entendió a los diez minutos de vagar por el castillo en penumbras. Todos dormían después de disfrutar su cena y sufrir un agotador día de clases, incluso los fantasmas parecía haber desaparecido.

Sintió un poco de nostalgia al volver a caminar por esos pasillos que tan bien conocía y que habían cobijado sus andanzas. En su época él había sido el dueño del castillo, conocía todos sus secretos y podía decir que el edificio guardaba todos los suyos, eran cómplices de aventuras y pensamientos.

Dumbledore no le permitiría quedarse en el colegio pero él permanecería omnipresente allí. Dejaría algo dentro de Hogwarts para que el castillo le pertenezca para siempre.

Seguro de que estaba sólo, llamó a la sala de los Menesteres, aquella mágica habitación que Viene y Va, apareciendo ante los que reclaman su presencia o necesitan ayuda del castillo. Un lugar que se presentaba ante los que sabían mirar más allá y estaban atentos a todo lo que ofrece Hogwarts.

Una vez dentro de la habitación, vio como lo rodeaban altas pilas de objetos abandonados. Las telas de araña cubrían los bártulos simulando un manto plateado y el polvo en suspensión flotaba por doquier. Él pidió un lugar seguro para guardar algo especial y se le presentó esa mini ciudad compuesta por edificios de sillas, calles alfombradas y luces reflejadas en fragmentos de espejos.

Se movió por los pequeños pasillos creados para adentrarse en ese laberinto de recuerdos olvidados. Parecía inestable y a punto de derrumbarse sobre su cabeza, pero siguió y siguió, internándose en las oscuras profundidades.

Se topó con un armario evanescente, lo reconoció por haber visto uno en Burgin y Burke´s, aquella tienda en la que solía trabajar, al lado había una mesa con un busto horrible de un viejo mago y un montón de terciopelo verdoso.

Contento con su decisión invocó la diadema de Ravenclaw y la depositó sobre el terciopelo, oculta de la vista de cualquiera. Nadie llegaría a encontrarla porque entre tamaña cantidad de objetos pasaría desapercibida, además de que estaba el hecho de que pocos serían capaces de encontrar la sala de los Menesteres.

Allí, en las entrañas del único lugar que había llamado hogar, dejó un pedacito de su alma y un ancla a la inmortalidad. Hogwarts lo seguiría protegiendo y cobijando como había hecho hacía muchos años.

*El dialogo entre Voldemort y Dumbledore es una re-versión de aquel escrito por J.K. Rowling para Harry Potter y el Príncipe Mestizo, capítulo 20.

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